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martes, 16 de noviembre de 2010

La industria de la comunicación


Las industrias han revolucionado el tejido socioeconómico de las comunidades desde tiempo inmemorables. El hombre, desde los albores de la historia, se ha visto en la necesidad de transformar su entorno para sobrevivir. Los siglos XVIII y XIX, supusieron un cambio drástico en la capacidad para industrializar del ser humano; la revolución industrial había comenzado y con ella una nueva estructura económica basada en el capitalismo. El objetivo ya no era solo transformar materias primas en productos elaborados, sino que el modo de producción capitalista también cuenta adquiriendo una nueva dimensión.

Partiendo de esta base no es de extrañar que acabáramos industrializando todos los aspectos de nuestra vida, incluido el de la comunicación. Los progresos tecnológicos han permitido una mayor difusión de la información. Aun así, no nos engañemos. El avance en la tecnología ha permitido una distribución y consumo de la información a escala mundial, pero no implica que ahora estemos mejor informados. En un mundo cada vez mas globalizado, donde la información es cada vez mas abundante, se produce una interesante paradoja. Si creíamos que una mayor cantidad de información nos permitiría elegir y conocer mejor la realidad que nos rodea, ahora nos damos cuenta de que estábamos equivocados. Un mayor flujo de información no garantiza que conozcamos mejor nuestro entorno cercano y lejano. El motivo; sin duda, es la concentración de productores de información, la mundialización de la información.


Dominic Wolton, considera en su libro “La otra mundialización”, que la información ya no es suficiente para crear comunicación ya que sucede incluso lo contrario. En un mundo lleno de desigualdades el receptor no siempre entiende o le preocupa esa información y no se produce el fenómeno comunicativo. Si no existe esa interacción por parte del receptor, esa función fática, el mensaje no llega. Precisamente ese ausencia de conexión entre emisor y receptor esta propiciada por las diferencias económicas, políticas, sociales y culturales de los países productores de información y también de los que la reciben. El hecho de no entender esa información incluso puede aumentar esas diferencias entre emisor y receptor.

Esta cuestión no es apenas valorada por las grandes corporaciones mediáticas, precursoras de esa primera industria de la información. Los motivos principales, aquellos, sin ir mas lejos, que hacen funcionar la maquinaria industrial de la información: el poder y el dinero.

El uso de la información como herramienta para controlar a las masas no es un hecho novedoso, ni siquiera algo que haya ocurrido en los últimos dos siglos. La cultura Romana entorno al 131a.C. Fue la primera es utilizar la transmisión de la información como fuente de poder. La primera publicación periódica conocida fue, el “Acta diurna populi Romani”, se publicaba diariamente y era colocada en los accesos públicos del Foro. En principio el “Acta Diurna” publicaba textos legales y edictos, posteriormente incluiría noticias de sociedad como bodas, nacimientos, ejecuciones legales, sucesos o rumores de interés. Cicerón, consciente del valor de la información como instrumento de poder, se rodeó de buenos informantes que le mantuvieran al tanto de lo más importante cuando él no estaba en la ciudad.

El éxito del “Acta Diurna” era importante y la información que aparecía, era controlada por el poder, adaptando las noticias a los intereses políticos de sus editores,convirtiéndose así, en un gran medio propagandístico del mismo poder. Sin duda se acababa de plantar la semilla de lo que hoy podíamos definir como la industria de la comunicación. Incluso, en esta temprana edad, se utilizaron estos textos con fines económicos. En sus principios solo se publicaban en Roma, pero después, los particulares realizaron copias manuscritas en papiro, hasta el punto que se generó un cierto volumen de negocio con el reparto de estas copias por todas las provincias, extendiéndose así por todo el Imperio. Estas copias eran vendidas en establecimientos públicos, aparte de ser colocada en tablones por todas las ciudades. Además el concepto de publicidad ya lo conocían los Romanos. Las publicaciones servían como soporte para anuncios de compra y venta de esclavos.

Avanzando en la historia observamos como el género periodístico se perdió irremediablemente en la Edad Media. No obstante, algo quedó de esa primigenia industria de la información. Surgieron los llamados mercaderes de noticias que redactaban “Avisos”. Se trataba de unos “folios a mano”, unas cuatro páginas, sin título ni firma, con la fecha y el nombre de la ciudad en la que se redactaban. Se vendían en los puertos y recogían las noticias facilitadas por marineros y peregrinos. Del mismo modo nacieron entorno a los puertos los “Price-Courrents”, contenían información acerca de los precios de las mercancías.

El siglo XV, con la invención de la imprenta, propició un gran avance en la difusión de esta información que dejó de ser manuscrita para imprimirse. Entró en escena un nuevo tipo de publicación que se daba a conocer con motivo de alguna hecho trascendental. Los escritos de Cristobal Colón relatando el descubrimiento de América fueron de los mas famosos, tanto que incluso, los estados y las monarquías empezaron a usarlos como arma propagandística. Para el siglo XVI, viendo el éxito de estas publicaciones para exaltar el buen hacer de las naciones y sus gobernantes, empezaron a salir a la calle con una periodicidad semanal; empezaron a publicarse las Gacetas en toda Europa, la primera española no llegaría hasta 1661: La Gaceta de Madrid.

A partir de aquí damos un importante salto en el tiempo hasta el triunfo del liberalismo, entorno a 1881. Para entonces, todos los países occidentales reconocieron la libertad de expresión y dictaron leyes de prensa; había comenzado la edad de oro del periodismo. El arte de la información cambió de rumbo: se abandonaron viejas fórmulas, se ofreció un producto atractivo y bien acabado para el lector, y por último surgió el concepto de prensa amarilla. Sin duda los protagonistas de esta época fueron el “New York World”, de Joseph Pulitzer, y el New York Journal de William Randoph Hearst.

Probablemente, Hearst ha sido una de las personas mas enigmáticas en el mundo de la industria de la comunicación. Sin embargo, conocemos muy bien el basto imperio económico que logró construir aglomerando periódicos, revistas, agencias de noticias o negocios inmobiliarios... Orson Welles en “Ciudadano Kane” reflejó muy bien el contexto de la época, pero caricaturizo en demasía a Hears, mostrándolo según las connotaciones de la sociedad de entonces. El propio magnate de la comunicación intentó evitar el rodaje de la película, no obstante no consiguió pararla pese a su casi omnipotente influencia en todas las esferas de poder. No es de extrañar esta reacción, el “film” cuenta la historia de Charles Foster Kane, un magnate de la comunicación que controla un diario, el “Inquirer”, fácilmente comparable con el “Examiner” de Hears. También sale en escena “Xanadu”, una mansión de proporciones bíblicas de Kane que, sin duda, se corresponde con la mansión “San Simeon” de Hearst. Las aspiraciones políticas o la afición a las compras son dos rasgos que ambos también compartían.

Durante casi dos horas, “Ciudadano Kane” refleja a la perfección todos y cada uno de los objetivos que persigue la industria de la información; todo lo que hasta ahora asumimos que persiguen estas corporaciones mediáticas: aglutinar el poder entorno a unos pocos, acumular grandes sumas de dinero y manipular la sociedad. Olvido, quizás, el propósito de los medios de comunicación, entendiéndolos como servicios sociales, aunque lo hago conscientemente. Suponemos que los medios de comunicación son la herramienta del pueblo para controlar a las clases dirigentes, a las élites. Aceptamos de buena gana que están al servicio de nuestros intereses, sin embargo, dudo que estoy haya ocurrido alguna vez en toda la historia . No velan por los intereses de la sociedad pública, sino por los suyos propios. En “Ciudadano Kane” se observa esta cuestión con una claridad indudable cuando Kane, en plena discusión aseguraba: “I make news” (yo creo las noticias). El fin no era otro que aderezar o incluso inventarse los hechos noticiosos con el fin de vender más periódicos o influir en la clase dirigente según sus intereses. El poder incluye el dinero y el dinero proporciona poder.

La película “Quiz Show”, dirigida por Robert Redfort, expone sin duda como la cadena de televisión NBC antepuso sus intereses comerciales a la ética. En la década de los cincuenta, sobre todo al final, millones de telespectadores seguían el programa “Twenti One”, un concurso en el que los participantes podían ganar una enorme suma de dinero respondiendo a preguntas. El concursante que ganaba, continuaba en el programa hasta perder. Los productores sabían que la audiencia aumentaba cuando uno de los aspirantes del concurso acumulaba victorias, convirtiéndose así, en un héroe televisivo, en un modelo a seguir para la sociedad.

Por ello decidieron prostituir la integridad del programa facilitando al concursante las preguntas y respuestas, garantizándose así, una continuidad. Sin lugar a dudas el patrocinador del programa, “Geritol”, se vio implicado en el escándalo ya que los propios concursantes anunciaban las bondades del producto tras supuestamente haberlo probado. En esta época ya eran conscientes de la importancia de relacionar una marca con un modo de vida, con alguien que el resto del mundo tome como ejemplo. Así pues, elegir a un concursante a imagen y semejanza de “Geritol” para manipular a las masas y que compraran el producto se transformó en algo sumamente lucrativo.

El escándalo salió a la luz cuando uno de los concursantes fue obligado a perder, para dejar paso a un modelo de ciudadano ejemplar; Charles Van Doren, hijo de prestigiosos literatos y profesor de inglés de la universidad de Columbia. Su contrincante, dolido por haber sido menospreciado por la BBC, decidió contar la verdad, no sin esfuerzo, debido al gran poder en todas las esferas que ostentaba la cadena.

Finalmente la BBC no salió perjudicada, usaron como cabeza de turco a los productores del programa que a su vez consintieron asegurando que la cadena no sabia nada del amaño del concurso, una jugada que probablemente sería recompensada, ya que dudo honestamente, que los directivos de la todopoderosa cadena no estuvieran al tanto de una situación que tan jugosos dividendos les proporcionaba. Me quedo con la frase que usa el responsable de la investigación en la película: "Queríamos cazar a la televisión... y la televisión nos ha cazado a nosotros".

En definitiva estas dos películas, “Ciudadano Kane” y “Quiz Show” muestran a la industria de la información como auténticos “pitbulls” que no dudan en sacrificar el interés general para salvaguardar el suyo propio. Los argumentos de ambas películas describen la corrupción de esas personas, el poder que ejercer sobre las masas y como las manipulan, e incluso el poder político que ostentan. En resumen: La historia de la industria de la información.







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