Páginas

Buscar en el blog

lunes, 15 de octubre de 2012

El periodismo real llega a la Facultad

Berta González de Vega. Foto: Twitter

Hoy no hablaremos de Melilla ni de sus gobernantes. En su lugar, y para no saturar a la parroquia con más escándalos, dejo una crónica de la charla que la periodista de El Mundo, Berta González de Vega, ofreció a los futuros periodistas en la Facultad de Málaga hace solo unos días. Ahí va.


El periodismo real llega a la Facultad
Berta González de Vega visita la Universidad de Málaga e inyecta sabiduría, esperanza y coraje a los periodistas en ciernes del mañana

Cansada de ser “una mosca cojonera con los políticos”, la periodista Berta González de Vega, liberal confesa y a favor de la legalización de algunas drogas,  cambió los papeles y dejó que futuros periodistas de la Facultad de Málaga la interrogaran.

Con aspecto modesto y sin intención de aleccionar, transmitía su experiencia vital en la profesión como si no fuera “una de las periodistas  más sobresalientes que hay en Andalucía”, en palabras de su camarada y Doctor en periodismo Agustín Rivera.

Desde luego, no vino a aburrir a los alumnos con teorías de la comunicación, ni tampoco apareció subida a un púlpito propio de la pomposidad de aquellos que han llegado alto en la profesión.

‘Berti Vertidos’, como muchos la conocen por su tenacidad y perseverancia cubriendo temas como el vertido tóxico de Aznalcollar, casi ni se dejó notar al principio de la clase.  Esperaba en un lateral del aula, con aspecto tímido, apoyada en la pared, mientras Agustín Rivera la presentaba y repasaba sus inicios en El Mundo, cuando Alfonso Rojo reinaba como cronista internacional y David Jiménez era tan solo un becario de Sociedad.

Un sonoro aplauso precedió al inicio de la charla. Berta subió a la tarima y dejó su bolso en el suelo, junto a ella. Vestía vaqueros azules, manoletinas y portaba una camiseta bajo una camisa blanca de grandes botones. Desprendía naturalidad. “Me he preparado algo, pero creo que voy a improvisar”, decía Berta, al desechar una carpeta que pretendía usar en un primer momento.

La comunicación no verbal delataba que quizás no se esperaba tanto público. Y es que alumnos de otros grupos se agolpaban en la puerta para entrar. Berta adquirió en buena parte de la charla una posición defensiva cruzando los brazos, pero fue relajándose progresivamente gracias al ‘feedback’ positivo de los oyentes. “No sé si me estoy desviando del tema”, preguntó en más de una ocasión a Agustín, buscando su aprobación.

Muy pronto, a los pocos minutos de comenzar, nos regaló el primer titular, la esencia de una buena crónica: “El secreto es fijarse en los detalles y transmitir los sentimientos”. La información que rodea a un acontecimiento noticioso está a golpe de clic gracias a la tecnología, pero contar lo que ocurre y transmitirlo desde la zona ofrece un valor añadido, argumentaba.

Las fuentes son la materia prima del cronista a pie de calle. Sobre este asunto, Berta asume con envidia las extremas facilidades que hay en Estados Unidos para hablar con cualquiera. En su etapa como corresponsal en Norteamérica, recuerda los atentados del 11 de septiembre de 2001. Un equipo de médicos de Boston, capital de la medicina moderna, se trasladó a Nueva York para colaborar y minimizar la tragedia.

Berta, acostumbrada a la burocracia inútil en España, quiso entrevistar a uno de los médicos y llamó al departamento de Prensa del ‘Massachusetts General Hospital’. “El Carlos Haya, al lado de este centro, parece un ambulatorio”,  decía. Aún así, no tenía Departamento de Prensa. ¡No hacía falta! “Podías llamar al médico directamente, te atendía su secretaria y te llamaba a la media hora”. Seguramente, por experiencias desagradables con los gabinetes de prensa que funcionan, en muchos casos, para entorpecer la labor de los periodistas, Berta piensa que es habitual que “mientan o desinformen” para cubrir los intereses de la entidad que representan.

La clase magistral continuó con importantes consejos para aquellos que empiecen en medios locales como becarios. “No dejéis que la realidad os parezca demasiado aburrida”, sentenciaba Berta, mientras animaba a los alumnos a pensar, de forma creativa, en temas deliciosos para los lectores. Los jefes están encantados de recibir nuevas propuestas, “locos” por ello. En su discurso, apuntaba que hay que alejarse del miedo y no prestar atención a los chismes de los compañeros por ser proactivo y presentar innumerables temas. No hay más que ver adónde ha llegado David Jiménez.

David, durante su época de becario, era “un trepa y un pelota”.  Es lo que se escuchaba en la redacción de El Mundo porque era de los primeros en dar un paso al frente. Pues David, añadió Berta, es un periodista “cojonudo”; súper valiente, concretó Agustín, al igual que Julio Anguita, otro corresponsal de El Mundo que murió en 2003, mientras trabajaba, víctima de un misil en Bagdad.

Asimismo, Berta insistió una y otra vez en la importancia de presentarse voluntario a todo, como hizo para cubrir el incendio que asoló Ojén este verano. Se montó en su coche y condujo a primera hora de la mañana hacia el fuego, antes de que cortaran las carreteras e impidieran el paso a otros corresponsales. Fue testigo, de primera mano, de la reactivación de las llamas cuando el ‘Infoca’ daba ya por controlado el incendio. Mientras, el resto de periodistas se encontraban lejos de la zona, escuchando las engañosas declaraciones del político de turno -en este caso, José Antonio Griñán- que afirmaba tener la situación controlada.

Y es que Berta cada día soporta menos las ruedas de prensa o los ‘canutazos’. Veía en Twitter las falacias del Presidente de la Junta, al tiempo que tenía delante de sus ojos las llamas que saltaban la carretera.

“Hay mucha vida al margen de los sitios a los que van los políticos”, sentenció. Además, admitió que se pone nerviosa cuando los periodistas se tragan, sin pestañear, milongas en las ruedas de prensa. “Te cansas de ser la mosca cojonera” y preguntar para sacarle los colores al político, que en muchas ocasiones, ni contesta. “Los periodistas de El Mundo a veces nos sentimos solos”, afirmaba, tras reclamar apoyo de los compañeros. Si no contesta a la primera lo que le preguntas, otro debería insistir antes de formular su cuestión.

Precisamente, debido a la opacidad de la clase política, Berta confesó que es lectora asidua del BOJA para enterarse realmente del dinero que gastan nuestros políticos, o en manos de quién lo dejan. Hizo referencia explícita a ‘Graef’, la empresa que facilitaba portátiles a la Junta para regalárselos a los escolares, y que ahora está relacionada en el caso de las facturas falsas de ‘Invercaria’.

Berta, por último y ya para despedirse, admitió que es malísima cerrando las crónicas. Por suerte allí estaba Agustín, proyectando desde su mesa trabajos de la periodista durante la charla, para cerrar una clase que duró casi dos horas. “Por primera vez en 3 años me siento motivada con respecto a la profesión. Gracias @martinidemar por este gran rato”, leyó Agustín en Twitter. El cierre perfecto a una mañana inolvidable.

2 comentarios:

  1. La Sara Brox esta que como no es capaz de aprobar por sí misma tiene que pelotear

    ResponderEliminar