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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Sin una gota de ficción


Héctor Barbotta. FOTO: TWITTER
Sin una gota de ficción
Héctor Barbotta, delegado de Diario Sur en Marbella, cuenta a alumnos de periodismo en Málaga la investigación sobre el Caso Malaya  en su novela ‘La última gota’

Los alumnos giran sus cabezas para distinguirlo entre la multitud. Agustín Rivera @agustinrivera, el profesor, le escucha mientras toquetea su Ipad. Héctor Barbotta @Barbotta, el delegado de SUR en Marbella y experto en el Caso Malaya, le mira fijamente,  apoyado con un brazo en la mesa, sobre la tarima. Todos, embelesados por la amplia pregunta, le atienden. Miguel Olucha @Miguelolucha, disfrazado de protagonista, es un alumno más. Está formulando una pregunta que los lectores de ‘La última gota. La novela del Caso Malaya’, hacen suya.

-Me gustaría saber cómo escribió el capítulo sobre el origen que da nombre a la Operación, ¿cómo se realiza el relato? ¿Se sienta con el agente de policía y le cuenta todo? –Miguel no entiende cómo Barbotta puede describir con tanta precisión las cabilaciones de Bruno, el inspector, que le llevaron a denominar la investigación del caso de corrupción más destacado de los últimos tiempos como ‘Operación Malaya’-.

-Tú estás empeñado en que te cuente con quién he hablado -respondió con una media sonrisa, la cual desató una carcajada generalizada-.

Los alumnos están muy interesados en saber qué parte de la novela es ficción y cuál es real. Bruno existe, “tiene rostro”, tal como indicó el periodista días atrás en Twitter. Aun así, muchos se preguntan cómo Barbotta puede relatar los detalles de la cafetería donde se le ocurrió el nombre. ¿Quizás se reunió con el inspector real que inició la investigación?

-Lo que te puedo contar, y creo que es demasiado…

-¡Pues tengo otra pregunta que es peor!-interrumpe súbitamente el impaciente alumno-. En el libro cita a un ministro, ¿cuál es? Aunque, si contesta a la primera, ésta la obviamos –replica, entre risas que contagian la clase-.

La posible confidencia del periodista se desvanece y opta por la vía fácil. No dice nada jugoso. Agustín Rivera recuerda la importancia de dejar hablar al entrevistado, no se le puede cortar en un momento así.

-Vamos a ver… En el proceso de elaboración del libro, se visitaron los lugares donde ocurrió algo, se analizó todo el sumario del caso y se organizaron los informes policiales. En ellos se podía ver, por ejemplo, el número de agentes que actuaron en una operación. También hicimos treinta y pico horas de entrevistas. Más no te puedo decir.

Se contempla la decepción entre los alumnos. La respuesta es obvia para ellos, nada que pudiera salir del guión establecido. Pero aquí no queda la cosa. Barbotta coge aire, hincha su tripa y escucha la interpelación de Rocío García, otra alumna inquieta con la misma cuestión. Lee literal del libro el pasaje  en el que decide el nombre que acapararía titulares.

-“Mira a su alrededor y observa las mesas ocupadas, sólo un par de ellas. Cuatro estudiantes que seguramente comparten piso y, en la de al lado, tres trabajadores de una empresa de construcción. Los primeros ríen. Los segundos come”. ¿Esto es real?

-¿Tú quieres saber si en ese momento había estudiantes comiendo?

-Mmm… No. Es sólo un ejemplo.

-Bueno, a lo que voy. El libro tiene recursos literarios. No me he inventado nada, pero sí hemos usado recursos literarios para contar la historia. Si decimos que ese día estaba lloviendo, lo estaba. Que la camarera le preguntaba una cosa, pues existía esa pregunta. Ahora, el número de chicos en el bar…pues no sé si eran tres o eran cuatro.

En esencia, el periodista inculca a los alumnos la manera de escribir una novela de no-ficción: haciendo periodismo. “No hay periodismo sin investigación. Todo lo que no sea verificar y conseguir datos, no es periodismo”, añade, antes de precisar que el periodismo real es aquel que no se limita a ir sólo a una rueda de prensa, sino a investigar si lo que dicen es cierto. Por eso admite desconfiar de aquellos que se autodenominan ‘periodistas de investigación’, ya que llegar al fondo de un asunto es inherente a la profesión.

No es fácil. Trasladar a la opinión pública, día tras día en Diario Sur, las pesquisas de la policía y los juzgados fue “un desafío enorme”. Cuenta que vivía noche y día pensando en ello. “Mis amigos dejaron de quedar conmigo, sólo hablaba del mismo tema, el Caso Malaya”. Y eso que empezó con mal pie. La noche previa a la intervención policial en el Ayuntamiento de Marbella apagó el teléfono sin idea del bombazo informativo que se acercaba. “Estuve toda la mañana nadando tranquilamente, cuando salí del gimnasio vi 14 llamadas perdidas. En la última me decían de todo”. Y es que llevaban llamándolo desde las siete de la mañana, eran ya las dos de la tarde.

Al principio, todo fue más complicado. El acceso a las fuentes, a las buenas fuentes que pueden contarte algo, siempre es difícil al comenzar. Hay un amplio abanico de posibilidades. Destaca a los funcionarios del ayuntamiento, que normalmente no quieren hablar, algún contacto en la policía, abogados, jueces, –casi imposible según cuenta- o incluso a guardia civiles de la puerta de los juzgados. Destaca que, cuando llevas un tiempo trabajando en un tema, los propios lectores se convierten en fuentes y vienen a ti, quizás, de forma interesada. “La desconfianza en la fuente y la perseverancia componen el rigor periodístico”, añade.

El sumario del Caso Malaya

Cuando el sumario es secreto, la obtención de información es sumamente difícil. Una vez que se va liberando y las partes lo conocen, hay más filtraciones. “Tejimos una red de fuentes para conseguirlo”, concreta, resaltando la importancia de conseguir los autos judiciales. “No os voy a decir quién nos lo pasó, pero lo hicieron”. Muchos folios, 70.000 para leer en total. “Uno cuando se enfrenta a eso no sabe ni cómo empezar”, apuntilla, aunque hay trucos para ir al grano del asunto. “El 99% de los papeles del juzgado no tienen relevancia periodística, a nosotros nos interesa saber los hechos”. Barbotta destaca que hay que ir directos a los autos judiciales; a la parte del relato de los hechos, y a los informes policiales.

En clase surge la pregunta. ¿Es ético hacerse con el sumario de una causa judicial pese a estar declarado como secreto? Barbotta asegura que respeta a los jueces cuando dicen que una información no tiene que salir, pero aquí hay intereses contrapuestos. El del propio juez y el del periodista, que considera la información de interés público. “La obligación del juez es mantener el secreto del sumario, la mía es darle información a los lectores”, aclara. “Desde mi punto de vista yo no tengo ningún conflicto ético por revelar un sumario que es secreto”.

Los autores de ‘La última gota. La novela del Caso Malaya’, Héctor Barbotta y su fiel compañero de Diario Sur, Juan Cano, mantuvieron durante 2 años a los lectores informados sobre la investigación policial. Ya en 2008, llegaron a la conclusión de que el tema era demasiado bueno como para quedarse olvidado en las hemerotecas. Decidieron hacer el libro, una obra que circuló por las redes sociales antes de la charla. Más de medio centenar tuvieron la oportunidad de leerlo y preguntar por una novela “sin un gramo de ficción” y con toneladas de corrupción.

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