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viernes, 21 de diciembre de 2012

Periodismo Hemicraneal


"Los columnistas les damos muchos dolores de cabeza a los directores, pero son los dolores que más les gusta tener", sentencia Teodoro León Gross @teoleongross con la rotundidad que le confieren sus 17 años como columnista en Diario Sur.  Justo ahí, sobre la tarima y en un lugar privilegiado oteando el aula, está él. Sentado sobre el lateral de la mesa del profesor, en una posición cómoda y desenfadada, revela una confesión de su director como si en ese momento todos pudieran oírla: "Oye, no sabes la que está dando Celia Villalobos para que te echemos del periódico...". En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Un "clásico", dice, desatando la risa generalizada en el aula.  Y es que la "vieja cabaretera" debió cabrearse por alguna de sus últimas columnas.

León Gross está por encima, a estas alturas, de las pataletas de los políticos que piden su cabeza y es consciente de que "el que escribe, se proscribe". No parece preocuparle lo más mínimo, cuenta la anécdota de Villalobos como si le pasara constantemente... Sabe que "dar opinión es generar antipatía", y eso va en el sueldo. Parte de su trabajo, concreta, es escribir cada día "sin pretender gustar al cien por cien de los lectores, ser agradable o cómodo".

A pocos metros del periodista de Vocento está Pablo Bujalance @pbujalance, colega de profesión en el Málaga Hoy desde hace ya 9 años. Permanece de pie sobre la tarima, frente al aula repleta de alumnos de Periodismo. Rápidamente conecta con el aforo al explicar que elige el tema de su columna 'como una vaca'. Continúa explicándose para destacar que lo importante es contar con una idea y encontrar el tema para desarrollarla. "El columnista está en una esquina rumiando y cuando aparece el tema del que decides escribir ya tienes rumiado lo que vas a contar", destaca, provocando sonrisas entre el público.

"Yo no soy una vaca", apunta León Gross desde su atalaya, mientras busca la mirada cómplice de Bujalance. Encontrar el tema puede llegar a quitarle el sueño. Por eso prefiere tenerlo claro a primera hora de la mañana y 'rumiar' lo menos posible. Con el tema decidido, admite, es "simplemente encontrar el rato para escribirlo". No siempre lo consigue. Sin ir más lejos, la semana pasada se plantó a las diez menos cuarto de la noche sin tema. "Va pasando el día, tienes la presentación de un libro, clases, corregir unos trabajos y te va pesando".


Sin preguntas, o no hay dinero

"Cogí un cabreo de mil demonios", revela indignado Pablo Bujalance. Fue la respuesta a la prohibición de publicar una columna de opinión política sobre el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán. La orden vino de arriba, de las altas esferas del Grupo Joly en Sevilla. Tenían un jugoso negocio entre manos y el texto de Bujalance podía fastidiar el acuerdo. Los contratos publicitarios mandan sobre el periodismo. 

A última hora, cuando ya estaba la página maquetada y lista para salir, "alguien" de la directiva del grupo leyó el texto, llamó al periódico y se impuso la censura. Por entonces visitaba Málaga un Griñán con pocas ganas de hablar a la prensa. Se negó a aceptar preguntas de los periodistas en sus dos comparencias ante los medios. 

La columna de Bujalance indagaba en los posibles motivos del político, con media administración patas arriba por los recientes casos de corrupción, para no someterse al cara a cara. "Había de por medio, para aprobar justo al día siguiente, un contrato enorme que suponía un balón de oxígeno importante para el Grupo Joly.

Escribir para nada es algo que desgasta y cabrea. Evitar esto es algo que tiene fácil solución para León Gross. "Cuando los directores tengan claro que algo no querrían ver en la columna, que te lo digan con anterioridad". En cuanto a casos como el de Bujalance, con publicidad y grandes sumas incordiando, la fórmula para publicar el texto es sencilla. "Si a ti te llama tu director y te dice: oye, que vamos a firmar un contrato de publicidad estupendo con Griñán y en cuatro o cinco días ningún columnista debe poner una carga explosiva. No hay problema. Hay otros temas. Dentro de seis días lo publicas". De hecho, recuerda que le pasó una situación similar durante la inauguración del Museo Picasso. Asegura que  desde Vocento dieron órdenes para que no se publicara ninguna "columnita" crítica con el tema.

Las jaquecas seguirán atormentando a los directores de los medios, pero no a todos. Los buenos aguantarán el martilleo constante de los poderes fácticos, siempre comprometidos con la libertad de expresión; los malos, cederán y despedirán a sus columnistas.

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