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martes, 8 de octubre de 2013

Tres meses en Cablemel Televisión

El emperador

Ha pasado mucho tiempo desde la última entrada en Esto es de Película. Lo sé. Pero cuando te dan la oportunidad de escribir en un medio de comunicación convencional con la misma libertad que aquí, en 'mis dominios', merece la pena enfocar allí toda mi atención.

Los últimos tres meses he vivido una de las etapas profesionales -y personales- más positivas de mi vida. Noventa días que han pasado volando en un ambiente inmejorable de trabajo.

Mi primera impresión al pisar la redacción de Cablemel Televisión fue de gozo y satisfacción. Un enorme placer, un tremendo gusto: "¡Joder!, una redacción de verdad con periodistas intercambiando impresiones y funcionando como una máquina.", pensé. Algo que me repetiría todos los días tras estar enfrascado en la escritura, levantar la cabeza y preguntar cualquier dato  al cerebro colectivo. Ahí estaban José Manuel, Blanca, Sara, Sergio, Jorge y 'la otra' Elena -con cariño- para dar una respuesta certera. "¿Dónde puedo encontrar imágenes recurso de las chorradas de Imbroda?", pregunté. Dicho y hecho.  Ahí estaban Arantxa, María, Elena, Iván, Gustavo y mi buen amigo Kike, especialista en colocar las palabras clave exactas a los vídeos, para localizar el careto más sonriente del emperador.

Y es que lejos quedaba la soledad de la radio donde yo, y solo yo, me encargaba de todo el informativo. Lejos quedaba el zulo y las maratonianas mañanas de ruedas de prensa para llenar minutos. Una etapa de aprendizaje y de gran responsabilidad, sí, pero de frustración continua. 

En Cablemel Televisión -y en el resto de medios de la casa- se cuentan historias, el verdadero objetivo del periodismo. La pasión por el oficio no deja lugar a la monotonía. ¿Ruedas de prensa? Sí, pero siempre para interrogar al ponente, no para vomitar en una pieza lo que ha dicho el político de turno sin analizarlo y contextualizarlo.


La sensación los primeros días era extraña. ¿En serio podía ir a una rueda de prensa, preguntar lo que quisiera y volver a la redacción sin el miedo en el cuerpo? ¿De verdad podía estar tranquilo sin esperar una llamada del político de turno a mi director o editor para que accionara la gillotina? 

Sin duda. Podía estar tranquilo. Al cuarto o quinto día estaba seguro. Los pequeños detalles marcan la diferencia. Será  una menudencia para algunos, pero ver al director de la cadena, entusiasmado, alzar su brazo a lo lejos elevando el pulgar, en señal de aprobación mientras ve tu pieza, es memorable. Un simple gesto que demuestra cómo se disfrutan las historias y cómo un insignificante dedo puede aumentar la moral de las tropas. Un apoyo que día a día era refrendado por Blanca, la jefaza de informativos, con su "muy bien Javi" dándome vía libre para el cien por cien de los temas que propuse. Pequeños detalles que no pasan desapercibidos y se agradecen.

Tuve la oportunidad de asistir al nacimiento de La Luz de Melilla. Miguel, el coordinador del semanario, me soportó estoicamente. ¿Un email a las cinco y media de la mañana con la trigésimo  quinta versión del texto? Sin problema. Ni diez minutos, ya te había contestado y mandado la maquetación con los cambios. Un 'Terminator' del periodismo, una enciclopedia histórica andante, un sujeto peligroso para todo régimen político, un nadador a contracorriente y un modelo a seguir: Miguel, el que todas las semanas enciende La Luz.


Tampoco puedo olvidar el apoyo de Juanjo invitándome a las tertulias de Vinilo FM. Me lo pasé en grande hablando de 'Bob Espona' y la actualidad melillense. Y cómo pasar por alto las veces que Sara me ha invitado a La Noche es Clave para potenciar los temas del informativo o Llanos en Con Luz Propia. No puedo estar más agradecido.

De todas las historias que he contado en esta etapa, recuerdo especialmente la de Mohamed, un vecino de Batería Jota enfermo de sida y dejándose morir en condiciones infrahumanas. No sé si el hecho de visitar su casa y enseñarle al mundo su situación le ha cambiado la vida, pero lo cierto es que su vecina me cuenta que Mohamed estuvo ingresado en el hospital y ahora está mucho mejor de salud. Asiste al centro de día, le limpiaron la casa y se la están arreglando. Incluso me dicen que le colocarán una cama (no sabéis cómo tenía el colchón) y un microondas. Sea como sea, me alegro por él.



Lo cierto es que ya tengo el mono. Levantarse todos los días maquinando un  tema para el informativo es un ejercicio mental que se echa de menos. Los psicólogos han demostrado eso de la depresión postvacacional, pero ninguno ha indagado en el síndrome postCablemelTV. Afortunadamente, me han recetado un par de colaboraciones al mes en la Luz de Melilla, con lo que espero aguantar hasta el verano que viene para, si así lo estiman oportuno, pillar una sobredosis de periodismo en vena en la que ya considero mi casa, Cablemel Televisión.

P.D. Probablemente me he olvidado de mucha gente. Se aceptan empalamientos por tal ignominia.

5 comentarios:

  1. Muy bueno Javier, ya eres un buen periodista de los pocos junto a tus compañeros q trabajais en libertad.

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  2. Gracias! Pero me queda muchísimo por aprender. Siempre hay algo más que estudiar.

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  3. El placer ha sido mío, Javi, de tenerte todo este tiempo a nuestro lado. En esta vida, todos aprendemos de todos, y tu también has puesto tu granito de arena arrojando luz a cuestiones que la mayoría desconocíamos. Lo dicho: un placer. Te esperamos!!

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  4. ¿Cuántos juzgados Nº4 se necesitan en Melilla?

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