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miércoles, 5 de marzo de 2014

"Con 14 años pusieron en mis manos un revólver Ruger y me ordenaron que disparara"

Violeta Duque, víctima de reclutamiento forzoso con 14 años 
a manos del ELN. Parque de las Luces, Medellín.
PRIMERA PARTE



Música: http://www.jamendo.com/es/artist/125/rob-costlow-contemporary-piano

 Violeta Duque (36 años) lleva casi una década recibiendo tratamiento psicológico. Hace apenas doce meses que consiguió contar a sus dos hijos cómo fue su infancia y adolescencia. Una experiencia vital que juró, junto a su madre, enterrar en lo mas profundo de su corazón: la historia de su reclutamiento forzoso en 1992, con tan solo 14 años, a manos de la guerrilla del ELN, el Ejercito de Liberación Nacional.

Tras  más de diez años, Violeta todavía lucha para que se le reconozcan algunos de los 'hechos victimizantes' que ha sufrido a lo largo de su vida: desplazamiento, abuso sexual, reclutamiento, la desaparición forzosa del amor de su vida y un secuestro en la Comuna 13 a manos del CAP, los Comandos Armados del Pueblo.

Son las dos de la tarde de un lluvioso día de marzo. Espero la llegada de Violeta en el centro del poder político de Medellín, frente al imponente edificio de la Alcaldía. La reconozco. Una chica con curvas, de mediana estatura, con el pelo largo hasta la cintura y tez cálida. Vestida con camiseta verde y jeans azules, se acerca con paso firme y seguro. Nadie imaginaría por lo que ha pasado. Me reconoce. Antes de empezar la entrevista quiere conversar.



Tras veinte minutos sentados en un banco del Parque de las Luces, Violeta decide confiar en mí. Está preparada para contar aquello que muy pocas personas saben. Subimos a la segunda planta del Centro Comercial Gran Plaza y nos sentamos en una tranquila cafetería. Para ella una dulce y colorida limonada cerezada.  Para mí una Coca-Cola



Empecemos por el principio, Violeta. ¿Dónde naciste y qué recuerdas de los primeros años de tu infancia?

Suelo decir que mi vida empieza mal cuando todavía estaba en el vientre de mi mamá. Con ocho meses allá, abusaron sexualmente de ella. Me cuenta que mi hermanito Wilson,  de dos años,  se pegaba a su falda intentando protegerla mientras él estaba encima. Quizás las historias horribles tienden a repetirse. Ahí nací yo, en Nariño de Antioquia. Cuando nací no lloré y casi no me reviven

No funcionaron los típicos cachetes en el culo, imagino.

No. Tuvieron que hacerme respiración boca a boca. Al final lloré como un gato, casi no vivo. Después de eso nos trasladamos para Medellín. No teníamos plata y pasábamos las horas con mamá pidiendo limosna en las calle.  Mamá no me dio una buena crianza. Ella es muy linda y la quiero mucho, pero a los ocho años me abandonó en un orfanato porque no tenía quien me cuidara. No porque me portara mal, sino porque no me podía mantener. Yo hubiera querido tener una vida normal…pero no fue así. Estudié cinco años la Primaria en el internado, el hogar infantil Centro Social San José. A los 12 años salí de allí y mi mamá me pidió perdón por no saberme cuidar

¿Estando en el orfanato tenías contacto con ella?

Sí. Yo a veces salía los fines de semana y me iba para donde ella. Me pegaba mucho, se desquitaba conmigo de sus problemas. Mi hermano mayor tiene un problema, no es así normal, y nunca ha servido para nada. Yo he sido la que siempre ha dado la cara en la casa y en la vida.

Te tocó coger las riendas, ser el cabeza de familia.

Así es. Soy el corazón, el cerebro y todos los órganos del cuerpo. Desde los 12 años no he parado. Mi mamá ha tenido muy mala cabeza, aunque no la culpo ¿Sabes por qué? Porque ella cuando era bebé la botaron con una hoja de cuaderno en el ombligo que decía: sin bautizar. La mujer que la acogió se murió y su marido se volvió a casar con otra que nunca la quiso y acabó también internada. Mi mamá creció en ese ambiente y tuvo la mala suerte de conocer a mi papá, un hombre que le dio muy mala vida. Por eso no la culpo. Sufrió mucho. Ella hizo conmigo lo mismo que le pasó.

¿Tu padre se desentendió de ti y tus hermanos?

Sí. Se desentendió. Es muy malo, un drogadicto, una mala persona que le pegaba mucho, incluso dándole patadas con un hijo en el vientre. Mi mamá huyó de él y se fue al campo con nosotros. Allí cambió mi vida, en El Carmen del Viboral

¿Por qué eligió tu madre ese pequeño pueblo y no otro?

Ella se fue para allá detrás de un hombre que le prometió ayuda. Sin embargo, eso era un moridero.

Tenías 12 años cuando llegaste a El Carmen de Viboral.

Sí. Fue salir del orfanato y me llevó para ya. No me dio Bachillerato ni nada. Yo no quería vivir allá porque pasábamos mucha hambre. Así que iba rodando del pueblo a Medellín siempre que podía.

¿Cómo una niña tan pequeña viajaba desde el campo a la ciudad y sin apenas plata? ¿Dónde te quedabas?

La gente que conocía me acogía. Empecé a coger café, trabajaba limpiando en casas y la plata que conseguía se la llevaba a mi mamá. Era poquito, lo que podía. Poco faltaba para que empezáramos a ver las guerrillas. Vivimos en una de las veredas  de El Carmen de Viboral, Quebrada Negra,  y más tarde en otra llamada San José.

En Colombia la vereda es uno de los centros de división territorial de un municipio o corregimiento. Son pequeños asentamiento que pueden estar a más de 3 horas del municipio del que dependen. Su acceso es complicado, normalmente a caballo

En las veredas no había luz, tampoco baños. Uno iba a todas partes con velas.

¿Recuerdas el día a día de tu vida en las veredas antes de tu reclutamiento forzoso a manos del ELN?

Uno se levantaba bien pronto y ordeñaba las vacas, si es que había vacas, hacía un desayuno de arepa y caldo de papas y trabaja arreglando truchas. Fue mi primer trabajo. Le quitábamos las vísceras al pescado y los deshuesábamos. Recuerdo que mi primer sueldo de verdad fue de 2.500 pesos. Me compré un paquete de galletas Ducales, unos dulces y una loción para mi mamá.

Y todo esto con solo 12 añitos. ¿Qué hacías el resto del día cuando no trabajabas?

Jugaba y ayudaba a mi mamá a hacer algo en la cocina. También escribía, cogía unas uvitas que nos daban diarrea y buscábamos leña, aunque yo al no nacer en el campo no sabía y siempre la recogía verde, no ardía. Aunque recuerdo que pasába mucha hambre.

¿Qué comías habitualmente?

Yo era una niña y buscaba a la gente que cosechaba papas para ver si nos regalaba alguna. Producían las papas normales, pero también unas más pequeñas, las guache, que normalmente se desechaban. Eso comíamos. Además, mi mamá sembraba coles y nos regalaban unos frijoles muy asquerosos, los cachetones que no los volveré a comer nunca. Los cachetones con papas eran horribles. Era una situación muy difícil y por eso yo me venía a Medellín siempre que podía.

Todo los días papas

Sí, siempre caldo de papa. Carne nunca se veía. Mi mamá nos llevó a ese moridero  y no teníamos cómo regresarnos.

¿Y cómo hacías tú para ir a la ciudad y volver?

Pedía y pedía. Convencía a los conductores para que me llevaran. A veces por nada y otras por unas moneditas.

¿Normalmente había suerte y conseguías transporte?

Sí, solía haber suerte. Y si no la buscaba. En la vereda nos moríamos de hambre. En esa fecha me conseguí un novio, mi primer novio. Cuando mi mamá nos vio besándonos…

Con 12 o 13 años

Sí, mi mamá me pegó una pelá.

¿Una torta?

Sí. Yo me enfadé y me tomé veneno, Fanzate, un producto que se le echaba a las papas. Pero no me hizo daño.

Cosas de críos…Hasta el momento tu problema más grande era el hambre, pero imagino que quedaría en un segundo plano cuando comenzaste a ver a la guerrilla.

Sí. Hablamos de 1991. Todavía no existía ese problema donde vivíamos. Poco después, nos mudamos a la vereda San José donde vi por primera vez a la guerrilla, gente uniformada.

Siendo tan chica ¿Sabías qué hacía esa gente?

Fue muy raro. En la vereda decían que era la guerrilla. Yo no sabía nada de ellos, aunque la palabra sí me sonaba por una oración que hacíamos en el orfanato a favor de la paz. Estaban armados y me producían miedo, aunque no los vi mucho allá, pronto nos fuimos de San José. Mi mamá conoció a un hombre que prometió ayudarle y nos fuimos a la vereda La Florida, mucho más cerca de El Carmen de Viboral, a un par de horas. Este hombre si fue bueno. Consiguió trabajo y una casita bonita.

Por fin empezaban a salir las cosas mejor.

Sí, ya dejamos de pasar hambre, aunque recuerdo que el señor me hacía levantarme para trabajar bien temprano, a las seis. En ese tiempo ya empecé a ver mucho más a la guerrilla.  Venían a la vereda y obligaban a todos a salir de sus casas para escuchar lo que tenían que decir. Venían los domingos. Intentaban reclutar a gente de la zona para ir contra el Gobierno. Un domingo de febrero de 1992, llegaron y me obligaron a acompañarles a una vereda cercana, La Chapa.  Fui con ellos, pero ya no me dejaron regresar. Mi mamá fue a por mí a La Chapa y se arrodilló ante mis captores, pero de nada sirvió.

Violeta empieza a emocionarse. Sus ojos brillan y empiezan a mojarse. Le cuesta encadenar cada una de las frases. Le duele seguir con su historia, aunque intenta mantener la compostura.

Ellos ya habían tomado una decisión y yo me iba a quedar allá. Tuve mucho temor por mi mamá. Le decía que se fuera, creía que la iban a matar si seguía insistiendo. Ya no había vuelta atrás. Mi mamá se fue llorando. ¿Yo qué podía hacer? Ellos eran grandes, estaban armados y tenían el poder. Yo tenía que agachar la cabeza y seguir las órdenes o me mataban.

Poco podía hacer una niña de 14 años

Nada ¿Qué iba a hacer ante todo eso?

¿Cuánto tiempo te retuvieron en La Chapa?

Me metieron en una casa durante una semana.

¿Cómo transcurrió esa primera semana?

Viví mi primer enfrentamiento armado. Pusieron en mis manos un revólver Ruger, un 38. Me ordenaron que disparara. Lo hice, pero afortunadamente no maté a nadie. Para mí era fácil disparar. Esas armas son fáciles. Nunca olvidaré cómo quedó el lugar tras el tiroteo.




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